Veinticuatro horas dantescas en el tejido sionista de la impunidad. Veinticuatro horas de cacheos, interrogatorios, aeropuertos, celdas y camiones blindados. Este es el resumen de un viaje de ida y vuelta a ninguna parte que terminó con mi expulsión de Israel por ?seguridad nacional?, el único argumento esgrimido por un Estado que me ha negado explicaciones y un trato digno. Durante ese tiempo he sido africana, palestino, espalda mojada o exiliado republicano y no un simple clown intentando compartir risas y esperanzas bajo la utópica carpa del circo de la libertad
Iván Prado es el director de Festiclown Palestina 2010
Veinticuatro horas dantescas en el tejido sionista de la impunidad. Veinticuatro horas de cacheos, interrogatorios, aeropuertos, celdas y camiones blindados. Este es el resumen de un viaje de ida y vuelta a ninguna parte que terminó con mi expulsión de Israel por ?seguridad nacional?, el único argumento esgrimido por un Estado que me ha negado explicaciones y un trato digno. Durante ese tiempo he sido africana, palestino, espalda mojada o exiliado republicano y no un simple clown intentando compartir risas y esperanzas bajo la utópica carpa del circo de la libertad.
Dormir en la litera cuarteada y mugrienta de una celda de aislamiento israelí es como atravesar la puerta del infierno. Allí el tiempo se para, no hay razón ni lógica y todo se vuelve claridad que ciega y silencio atronador. Los cierres metálicos se superponen a voces desconocidas en un idioma que antaño imploraba y hoy sentencia y oprime. Los usos perversos convierten a las lenguas en herramientas del terror y cuando policías armados te gritan en hebreo a las cinco de la mañana en un lugar indeterminado de Tel Aviv, la indefensión se conjuga en tu idioma y el miedo se viste de fiesta.
Horas antes no éramos nadie, sólo cuerpos amontonados en salas de interrogatorios, cuerpos a los que a veces mandaban sentar o comer, desnudaban para cachearles el alma o eran fotografiados como reses antes de poner a subasta. Y todo bajo la sinfonía del crimen por cometer: el dilema es saber qué crimen has cometido y cuál van a ocupar ellos y ellas.
Israel no es un país, es un ejército de ocupación que no sólo tiene secuestrado a todo el territorio palestino sino que también ha tomado como rehén a buena parte de la conciencia de occidente. ¿Acaso sirve de algo el pasaporte español en Israel? ¿Acaso nos protege nuestra embajada, Constitución o cuerpos de seguridad nacional? Muro arriba muro abajo, los israelíes entran y salen de las resoluciones de la ONU como un violador sobre el sexo de su víctima. Por fin se ha hecho justicia y durante unas horas alguien de Lugo ha sido también de Haifa, de Hebrón, de Gaza... eso sí, sigo vivo y sin marcas en mi cuerpo físico.
La experiencia me ha demostrado que en Ben Gurion no existe ni el derecho internacional ni los derechos humanos. Allí manda el ?no? a los abogados, a los intérpretes, al papel y a la dignidad humana. Un ?no? que cuenta con la complicidad de la Unión Europea, Zapatero y sus afines que siguen reconociendo a Israel como un estado democrático, por lo que este humilde payaso internacional no reconoce ni a Moratinos ni a toda su familia de vasallos y burócratas. No tengo presidente ni ciudadanía practicable. Europa no existe en Oriente Medio ni en las comisarías de Barajas donde la policía nacional no me permite presentar una denuncia tras sufrir 24 horas de malos tratos sionistas.
Quizás hoy sólo ha sido un día más para las fuerzas de ocupación hebreas pero para mí ha sido el momento en el que me han despojado del disfraz de ciudadano europeo. No quiero ni imaginar si hubiera nacido en Tinduf, Chihuahua, Nablús, Ciudad del Cabo o Ponteareas antes del 36
El Festiclown Palestina será una realidad más pronto que tarde y las mejores compañías de clown y circo del mundo entraremos en territorio palestino para derribar el muro de la impunidad y la indiferencia, aunque intenten expulsarnos o encerrarnos. Porque la fraternidad humana no puede ser detenida por tanques ni pactos secretos de los gobiernos
VIA: CSCAWEB
Ni una palabra, ni un sólo recuerdo, ni una señal de dolor por los cientos de muertos: mujeres, niños, ancianos y militantes de Hamás, también ellos son seres humanos. Hogares, edificios enteros, ministerios, escuelas, farmacias, comisarías de policía, hospitales hechos pedazos. ¿A dónde ha ido a parar vuestra compasión? ¿Cómo podeís seguir callados o disculpar siquiera la permanente política de agresión israelí? Los habitantes de Gaza y de los Territorios Ocupados (West Bank) –todos palestinos– están pagando el precio del terrible fracaso de la comunidad internacional, incapaz de obligar a Israel a respetar la ley internacional y a poner fin a su sangriento colonialismo. Es cierto que Hamás, con sus cohetes, constituye también una amenaza para los colonos israelíes y para la población civil que debería ser condenada. ¡Basta ya con la impunidad de Israel y el continuo chantaje de sus líderes!
Desde 1967, Israel ocupa militarmente los territorios palestinos. Una ocupación brutal: el robo descarado de la tierra, la demolición de casas, los checkpoints donde los palestinos son continuamente humillados y hostigados; las colonias que no dejan de construirse de forma ilegal y que se apropian no sólo de la tierra, sino de todos los recursos acuíferos, destruyendo las cosechas; y miles de prisioneros políticos que ni siquiera tienen el derecho a recibir visitas de su familia.
Vosotros, líderes políticos: ¿acaso no habéis visto alguna vez la desesperación en los ojos de un campesino palestino que, desesperado, se abraza al tronco de su olivo mientras los bulldozers intentan desarraigarlo, mientras los soldados le golpean con sus rifles para obligarle a soltarlo? ¿O a una mujer dando a luz detrás de una roca mientras su marido corta el cordón umbilical con una piedra porque los soldados israelíes, simplemente, no le dejan cruzar el checkpoint para ir al hospital? ¿Habéis visto a Um Kamel, desalojada de su casa, construida con el sacrificio de toda una vida, porque los fanáticos judíos –no las víctimas del Holocausto, sino los de Brooklyn–, piensan que esa tierra les pertenece por mandato divino y que, por lo tanto, tienen derecho a ocuparla para construir otra colonia judía en el corazón de la ciudad vieja de Jerusalén?

¿No habéis visto, quizá, a los niños de los pueblos de los alrededores de Tuwani, al sur de Hebrón, que para ir a la escuela se ven obligados a caminar durante más de una hora y media porque los judíos han construido una colonia en el medio de la carretera que une las dos ciudades y si les ven pasar por allí son atacados con piedras y otros objetos? ¿O a los pastores de Tuwani, que ven las aguas de sus pozos envenenadas por los fanáticos y no pueden dar de beber a su ganado? ¿O la ciudad de Hebrón, reducida a la nada porque 400 colonos judíos han ocupado la ciudad vieja que, a su vez, se ha visto rodeada por miles de soldados que han expulsado de sus casas a sus propietarios palestinos obligándoles a cerrar más de 840 comercios?
En los últimos 19 meses, 283 personas han muerto por falta del cuidado médico que deberían haber recibido en algún lugar del extranjero porque no les permitieron cruzar a pesar de recibir garantía por parte de los médicos israelíes, pertenecientes a un grupo de defensores de los Derechos Humanos.
¿Habéis sentido el frío de las noches de Gaza, un frío que atraviesa los huesos porque no hay ni luz, ni combustible?¿O acaso sabéis de los bebés prematuros nacidos en el hospital de Shifa, cuyos pequeños cuerpos luchan por sobrevivir, pero que mueren irremediablemente cuando su incubadora se queda sin luz durante media hora?
¿No habéis visto el miedo, el terror en los ojos de los niños, sus cuerpos destrozados? Ciertamente, el miedo de los niños de Sderot no es diferente y los cohetes de Hamás también pueden matar, pero, al menos, ellos tienen un lugar donde cobijarse y, afortunadamente, nunca han tenido que ver sus edificios bombardeados, docenas de cuerpos desmembrados o aviones que lanzan bombas de fragmentación sobre sus cabezas. Una sola muerte es ya mucho, pero el “número de muertes” también suma en la cuenta del horror.Desde 2002, 20 personas han muerto debido a los cohetes, mientras que en Gaza miles y miles de casas han sido destruidas y más de 3.000 gazawis han resultado muertos, incluyendo cientos de niños que no tenían nada que ver con el lanzamiento de cohetes.
Cuando, en las manifestaciones que están teniendo lugar en toda Europa, se queman banderas israelíes, vosotros, los líderes políticos, mostráis enseguida vuestro enérgico rechazo, gritáis vuestra condena a los cuatro vientos.
Estáis en vuestro derecho. Yo no quemo banderas de Israel, ni las de ningún otro país, y creo que también Israel tiene derecho a existir, pero me hubiera gustado oír también vuestros gritos de rechazo y de pena ante todas estas muertes y toda esta destrucción debida a la arrogancia y a la crueldad de un Estado que ni siquiera respeta la ley internacional. Me hubiera gustado oíros mandar a Israel que cese de disparar, que ponga fin al bloqueo de Gaza, que detenga la construcción de colonias en los territorios ocupados, que acabe con la ocupación militar, que respete y ponga en practica las resoluciones de las Naciones Unidas. Porque esa y sólo esa sería una forma efectiva de acabar con su inseguridad.

Y, de paso, escuchen también a los miles de ciudadanos israelíes que se manifiestan en Tel Aviv. Escuchen lo que gritan: “No queremos ser enemigos, detengan la ocupación, detengan la masacre”.
¡Dios, en qué mundo tan horrible estamos viviendo!
Traducción de Pilar Salamanca
15 de diciembre, martes. 20:00 hDERECHOS HUMANOS EN PALESTINA.
GAZA SITUACIÓN LIMITE
Sala de la ONCE. C/ Aralar 3.
Entrada libre. (Traducción consecutiva)
Este pequeño territorio - con una tasa de desempleo del 80% y un índice de pobreza superior al 75% - ha constituido históricamente el principal laboratorio de pruebas del Ejército israelí. Los ataques contra la Franja, el año pasado, con un saldo de 1.417 de personas palestinas muertas (926 de ellas civiles), son una prueba más de la flagrante violación de los Derechos Humanos que Israel comete en Palestina con total impunidad.
Interviene Raji Sourani es el director del Centro Palestino de Derechos Humanos.
Entre otros cargos, es miembro de la Comisión Internacional de Derechos Humanos (IHRC) y vicepresidente de la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH). Durante la primera Intifada fue encarcelado en varias ocasiones por Israel.

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